Wanderers se mareó sobre el final e Iquique le amargó el “18″
Por Felipe Vegas N.
Corresponsal en Valparaíso
Síguelo en Twitter: @F_VegasNavarro[1]
El ambiente a 18 se sentía por todos lados en Playa Ancha. La humareda que salía desde las ramadas porteñas del Parque Alejo Barrios tenía a todos en el estadio pensando más en las empanaditas y el anticucho, que en lo que hacía Wanderers en la cancha.
Bastaron ocho minutos para que los tres mil caturros que llegaron al Regional de Playa Ancha pudieran celebrar, ya que tras un pase magistral de Tressor Moreno, el veloz Sebastián Ubilla quedó solo frente a Limenza y decretó la apertura del marcador para los locales.
Tras el gol caturro el partido se transformó en una verdadera pesadilla. Los bostezos eran permanentes y la hora de la siesta post almuerzo diesiochero contribuía a la horrible sensación que dejaba el encuentro. Un centro rasante de Bogado que Ojeda desperdició en área chica y un remate de Rusculleda, fueron las únicas aproximaciones al gol.
De vuelta del descanso Iquique mejoró su juego y cuando comenzaba a rondar el arco de Eduardo Lobos, vino un desborde por derecha del decano y la pelota le quedó “chanchita” a Héctor Núñez, que sólo debió tocar el balón para decretar el dos a cero para los porteños.
El golpe fue duro para los celestes, pero sirvió para hacerlos reaccionar. Fernando Vergara movió la banca y mandó a la cancha a Mauricio Donoso, que terminó por ser fundamental en la remontada nortina. El ingreso del ex Deportivo Quito coincidió con la baja física del motor wanderino Tressor Moreno, con lo que los verdes perdieron la pelota y de a poco se fueron echando atrás.
Sin embargo, Wanderers siguió inquietando de contragolpe y Héctor Núñez se lo perdió absolutamente solo frente a Limenza, gol que le pasaría la cuenta más tarde al decano. Corrían 29 minutos del complemento, cuando tras una sucesión de tiros de esquina fue Cristián Bogado quien conectó de cabeza al primer palo, dejando impávido a Lobos.
El descuento de los celestes no hizo más que provocar la histeria en Wanderers y el nerviosismo de la banca caturra se contagió en la cancha. En Iquique entró el tanque Rubén Darío Gigena y la guerra de centros estaba declarada. Quedaban 10 minutos y Wanderers no pasaba la mitad la cancha, ante un Iquique irresoluto, que tampoco metía mucho miedo.
El triunfo caturro parecía en el bolsillo cuando el cuarto árbitro levantó la paleta con los cuatro minutos de descuento, sin embargo en el último respiro un centro complicó a Lobos y Juan González entró por el rebote y sepultó la celebración wanderina al conquistar el definitivo empate a dos tantos. Un punto que le dio respiro a Iquique y complica a Wanderers en la tabla general, donde está instalado en la liguilla de descenso.
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